Eugenio Mira (¡García!): “Cuestionamos el recuerdo del franquismo”

Quedar con el director Eugenio Mira y los guionistas Carlos de Pando y Sara Antuña, responsables de ¡García!, es como darle al play y ver otra vez la serie de HBO Max. Basada en un cómic de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri Ediciones), ¡García! es la historia de un superagente de la época de Franco, el interpretado por Francisco Ortiz, que acaba suelto en una España de chavales del 15-M, Villarejos y conspiraciones de un pasado remoto. Una mezcla de tebeo vintage y advertencia política de un dinamismo y solvencia abrumadoras, como lo es el intercambio de un trío que tenía todo para llevarse mal, pero que se ha entendido a las mil maravillas.

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—¿No os da la impresión de que los últimos años de España son un poco cómic?

—Eugenio Mira. Siempre digo que la simplificación de la narrativa de confrontar dos extremos es más elaborada y coherente que lo que leemos en Twitter de un lado y de otro. El carácter satírico o ligeramente paródico que tiene.

—Sara Antuña. La escena de Colón con los auténticos patriotas es previa a la foto de las derechas alineadas.

—E.M. La escena era en la Puerta del Sol, pero no nos dejaron por cuestión de papeles. Tuvimos que reaccionar y me vino lo de Colón por la bandera, tan icónica. No tratamos de hacer una referencia directa sino que fue cosa de brujería.

—Carlos de Pando. Cuando lees el cómic de Santiago y Luis piensas que les ha pasado España por delante. Había cosas que son un germen de lo que ha pasado. La sensación de ellos era que se habían quedado cortos.

—E.M. Al final, hay una referencia a Armenia. Originalmente era Kiev. Estaba rodado, con un ambiente celebratorio y la bandera de Ucrania, pero se iba a pensar que era un saludo al pueblo ucraniano. Tuvimos que cambiarlo a Armenia tras una reunión de crisis.

—S.A. Era un mensaje que tampoco era pretendido.

—Pero por mucha verdad que haya la ficción a veces cobra vida propia y sigue su propio camino, su esquema. 

Ha habido gente que ha vivido la dictadura de una forma completamente diferente a otra

—C.P. Sara y yo sabíamos lo que era la serie, pero Eugenio la llevó en una dirección más clara. Con una vocación de agarrar el toro por los cuernos: una serie de aventuras, grande, épica. Eugenio con eso se tiró en plancha. Y es verdad, todo encajó cuando ya estuvimos los tres y nos dirigimos hacia eso.

—E.M.  Cito a Richard Donner cuando hizo Superman, que tenía en su oficina un cartel con la palabra “verosimilitud”. Quería ser coherente con García, que viene de otra época pero también de una híper simplificación a la que los nostálgicos hacen referencia. ¿Qué pasaría si soltaras hoy a una persona de esa época, pero sobre todo a una ficción, que la recortaras y la colocaras en una versión de la España actual? Y como ese personaje va tomando conciencia de sí mismo, cuestionando el recuerdo de esa época. Ha habido gente que ha vivido la dictadura de una forma completamente diferente a otra. Hablar de todo eso desde la ficción es, para mí, la única manera de salir con vida de esto porque el material era riquísimo. Hay donde elegir mucho y debes modular. Una adaptación literal del cómic hubiera sido un desastre.

—S.A. Cuando arrancan los flashbacks del pasado con un formato distinto, no son el pasado real de España, son una simplificación de una España en blanco y negro donde García es un héroe real. Pero es un pasado como el que podía estar soñando García durante sesenta años bajo la cripta.

—E.M. Al principio en el primer prólogo del pasado ves la versión más pura y sin adulterar de eso, pero según vas avanzando va creciendo la gama de grises. Conforme avanzas el acartonamiento se va difuminando pero al mismo tiempo en el presente, cuando los personajes empiezan a ser más responsables de sí mismos, se va volviendo todo algo más monocromático.

—S.A. Pasado y presente se contaminan como García se contamina de Antonia. Y García empieza a cuestionarse. Ya no estamos en guerra, todos deberíamos tener una vida.

—Le dais evolución a un personaje que comienza siendo franquista. No hay nada elaborado desde el rencor.

—E.M. Hay que humanizar. La gente dice que es un superagente facha, pero es que García no tenía otra opción. No es limpiar eso, sino crear un contraste.

—S.A. No queríamos una parodia del facha con bigotito, García no podía ser eso. Queríamos tomarlo en serio y no hacerlo ridículo.

—E.M. Se ha tendido de manera innecesaria a eso. Como con Trump, que en realidad cada vez que abre la boca ya lo tienes. Los nazis no eran monstruos, eran seres humanos, y por eso mismo todo puede volver a pasar.

—¿Se ha perdido el sentido del humor en España?

El discurso de decir que no se pueden hacer chistes de gays lo está diciendo una persona muy concreta

—E.M. Está pasando en todos los países del primer mundo, e incluso solo decirlo ya te enmarcaría como antiprogresista. Cuando antes eran los progresistas los que abrían los melones de cualquier tema. Estamos en un momento tan delicado que todo se ha dado la vuelta. El discurso de decir que no se pueden hacer chistes de gays lo está diciendo una persona muy concreta, pero antes tenías a Lenny Bruce en EEUU y las personas que rompían tabúes que generalmente eran progresistas. En una democracia eso debe caber y puede que no te guste, pero tiene que caber. Y cuando dices que eso no cabe es que no cabe todo lo demás. Es una cuestión de sentido común, no de ideología. Vas a encontrar gente con valores éticos que trascienden a como están enmarcados porque eso está cambiando. Ser de izquierdas o derechas en 2022 no tiene nada que ver con lo que era hace veinte años, en mi opinión. 

—García es una mezcla española de James Bond y Capitán América. Da la impresión de que en este país nos da vergüenza crear personajes heroicos serios.

—S.A. Ya se hizo con mayor o menor fortuna, otros aventureros españoles tuvieron su incursión en la ficción con mayor o menor fortuna. Creo que tampoco somos pioneros, aunque quizá hemos llegado en mejor momento.

—E.M. Mortadelo y Filemón o Anacleto son parodias. También han citado Austin Powers, pero es paródico.

Me basé, en vez de Regreso al Futuro, en Peggy Sue se casó de Coppola, porque la mecánica era lo de menos respecto a la repercusión que eso tenía en los personajes

—C.P. Trabajé en El Ministerio del Tiempo y esa serie también tenía mucho de eso. Ahí evitábamos la parodia pero no se negaba la humanidad de los personajes, los construíamos como personajes reales, todo se sostenía en los conflictos de los protagonistas y aquí creo que ocurre lo mismo. Lo que no nos da vergüenza es contar la historia de estos personajes, si el personaje se sostiene bien lo demás simplemente es el escenario donde se va a mover. Creo que no hace falta avergonzarse de nada. Eugenio decía que no queríamos pedir perdón por la serie. Es abrazar el género por un lado y por otro el conflicto de los personajes, sin otras consideraciones. Al final cogimos el cómic, establecimos tres protagonistas principales y definimos su viaje, y todo lo demás está construido sobre eso. Con una parte que tiene que ver con nosotros mismos, nuestra ideología y manera de pensar, pero sostenida en la ficción. Intentamos meternos más en la historia y los referentes como James Bond o Capitán América los teníamos para cosas formales y concretas pero intentábamos evitarlos. La prioridad era la historia y ya está, los personajes.

—S.A. Con Antonia lo que pensamos es cómo podía ser criada por alguien que podía ser su abuelo, o cómo sería para García flipar por la Gran Vía al ver gente pasar con un patinete eléctrico, parejas gays o gente tatuada. El referente ahí fue el Doctor Who, que tiene ese componente de viajar por el espacio y de comedia, pero del que recuerdas los emotivos y reales que implican que este señor, separado de la humanidad, va de trauma en trauma y está profundamente solo.

—E.M. La serie es un arco de seis episodios que te ofrece lo que podían ser tres temporadas. Y de manera natural. Yo me basé, en vez de Regreso al Futuro, en Peggy Sue se casó de Coppola, porque la mecánica era lo de menos respecto a la repercusión que eso tenía en los personajes.

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—Y eso es vital para que no sea solo una comedia, un tebeo de la Colección Olé.

—E.M. Yo diferencio tebeo de cómic, que se empezó a usar en los ochenta. En los ochenta salió el cómic para adultos que en España era algo exótico, porque no había tradición. 

—Es como aplicar la mitología Star Wars a la historia de España.

—E.M. En George Lucas he pensado mucho, en el viaje del héroe y todo lo que está perdido. Encontrar un Obi Wan que te dice: esto fue así. Y en aplicar una estructura de ópera, con un quinteto de personajes que se juntan, se separan, y luego se construyen y cada uno por separado. Es una estructura musical. En West Side Story hay un quinteto en “Tonight», en el que todos cantan que esta noche se va a montar un cirio. En García eso está en el sexto capítulo.

—Si hablamos de Star Wars hay que hablar de música. ¿Ha estado Eugenio Mira al servicio de Chuky Namamera (pseudónimo del propio Mira)?

—E.M. Totalmente poseído. Una de las razones por las que me lancé en plancha es porque el proyecto pedía música de esta índole. Bernard Hermannn, Jerry Goldsmith, John Williams. Un mundo que conozco pero que no había podido desempolvar y al que tengo respeto. Y hacerlo no de forma paródica sino en serio, que lo oigas por separado y pienses de qué película es. Y vuelvo al tema de la construcción de Star Wars, donde cada personaje tiene un tema, cuando se juntan el uno y el tres se crea una nueva versión que fluye.… Es un armazón semántico más que estético. En la serie empezamos de con la aventura pura de García, y luego con los elementos electrónicos de Antonia porque está en el día de hoy… Y cuando se juntan empezamos a desarrollar todas esas disonancias y puntos en común.

—Tenemos que hablar del episodio 6. Es el clímax de una verdadera película de Marvel.

No podíamos rodar en el Valle de los caídos. Facilitó mucho el centrarnos en la Piedad y descartar lo que había hecho Alex de la Iglesia

—E.M. El seis me producía pavor porque en papel ya estaba lo que has acabado viendo, pero teníamos que juntarnos y decir: ¿cómo? No podíamos rodar en el Valle de los caídos. Facilitó mucho el centrarnos en la Piedad y descartar lo que había hecho Alex de la Iglesia de Balada triste de trompeta. Descartamos que García saltase de la cruz con dos pistolas, desafiaba toda la lógica de lo anterior. Y nos centramos en lo que no había tocado Álex. En cuanto a logística construimos la Piedad: la mano, la cara. Despiezamos cada parte de la pelea. Siempre desde el guión y hablando luego con el coordinador de especialistas, pero siempre desde la planificación. Compartir ideas, pero ideas de puesta en escena. La movida fue que no pudimos rodar allí.

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—El momento de la Piedad es precioso. Coges el Descendimiento de Superman y te lanzas a elaborar ese concepto sin miedo o vergüenza.

—E.M. Lo pensé, lo de Zack Snyder. Nosotros le hemos sacado más chicha. Estoy muy ilusionado con eso. Estrictamente como director, lo del seis aún no doy crédito que nos hayan dejado hacerlo.

—C.P. Cuando Sara y yo escribimos las escenas de acción plasmamos cosas que solo son en potencia lo que va a a ocurrir, porque todavía no tienes las localizaciones. Es una apuesta de cosas que nos gustan y luego el director, Eugenio, escoge, plantea y planifica. En el caso del seis y la Piedad lo que queríamos es que ese choque final funcionara, y eso podía haber ocurrido en el vacío o allí mismo. Teníamos cosas concretas de acción pero otras simplemente se trataba de que fuera lo que fuera lo que ocurriese, funcionara. Eugenio respetó todo eso y empezó a darle forma con la puesta en escena.

—E.M. Pero estaba clarísimo en el guion. Hice una visita al Valle de los Caídos y también descubrí que si poníamos cámaras allí no iba a salir todo porque es inconmensurable, y una de las ventajas de hacerlo de cero y plano a plano, es que todo se se pudo amoldar a la planificación. Pero a nivel de producción fue bastante bestia: nueve días de rodaje solo para la Piedad.

—C.P. Cuando entramos en el plató y estaba reproducida la Piedad, era inmensa, descomunal. Era un monstruo comparada con los actores, que se veían pequeños.

—Una idea un poco grosera: Carlos y Sara, venís de la televisión y de hacer mucha comedia. Eugenio es director de largometrajes de género más oscuro. ¿Cómo habéis encajado estas visiones tan distintas?

La visión de ir viñeta a viñeta, plano a plano, es lo que hace que Hitchcock sea tan poderoso

—S.A. Hay una tendencia en lo últimos años de que la gente del cine se venga a hacer series y aporten ese prestigio del que carecían, al menos en España. Aquí fue que lo que estábamos haciendo nos gustaba mucho, sin más. No me preocupaban los referentes de Eugenio porque todo lo que oía de él encajaba con la serie.

—C.P. Sara y yo empezamos haciendo comedia, pero hemos ido a otros lugares. Ahora hemos vuelto un poco a ello. Para nosotros la comedia es una parte fundamental de lo que hacemos y escribimos, y no es siquiera un género, sino un ingrediente más de las cosas que queremos contar. La comedia siempre tiene cabida en nuestras historias porque la tiene en la vida, incluso en los momentos mas terribles. La manera en que Eugenio aborda las cosas implica hacer ajustes, pero pasamos más tiempo hablando y discutiendo que ejerciendo los cambios sobre el papel.

—E.M. Para mí el cine es una disciplina artística que tiene una vertiente inesperada, y que es que esa máquina científica que se inventó y que permitía dar la sensación de movimiento tuvo tal éxito que la gente quiso pagar por ver historias. Y después llegó el teatro y los tres actos, y la literatura del XIX, y el cómic —que para mí es el puente que une todo—. Creamos la serie plano a plano y eso la diferencia de un abordaje televisivo. La serie solo existe en los planos que hicimos. No existe cobertura. La visión de ir viñeta a viñeta, plano a plano, es lo que hace que Hitchcock sea tan poderoso. Que todo está pensado.

—Pero para eso hay que tener tiempo y el privilegio de que os dejen hacerlo.

—E.M. Y lo fue. Yo no he realizado nunca, y algo de esa palabra que me parece que no voy por ahí. Yo he trabajado sobre ser fiel al material, en guion pero también en tono.

—C.P. Flipamos con Eugenio ya muy al principio, cuando ya el segundo o tercer día de trabajo empezó a mandar los guiones dibujados. Cuando todavía no había acabado de leerlo ya estaba diciendo: esto va a ser así, con una seguridad abrumadora.

—S.A. Y si ves los dibujos originales y el resultado final, salvo imponderables de producción, la serie es tal cual. Y de esto hace mas de dos años.

El primer capitulo es abrumador, una hostia tras otra, y en el segundo la gente se descojona de una forma que dices: ha funcionado

—E.M. El trabajo para mí es la asociación de ideas y obviedades que no quiero hacer al rodar: si llega García, tener claro de no quiero hacer un plano de un coche llegando a una puerta, empezar en unos zapatos, subir y ver como se ajusta la corbata. Está prohibido por obvio de modo que me voy a la tercera o cuarta opción, o lo voy ensuciando. Regreso al futuro no, Peggy que se casó. En la llegada del tren, evitar Indiana Jones pero ir a como entra el tren en Auschwitz en La Lista de Schindler, sin que deje nunca de ser lo que tiene que ser.

—S.A. Es terrible al escribir tener escenas de transición, poco importantes, que dan una pereza que te mueres. De modo que elegimos la que menos nos gusta del guion y tratamos de hacerla nuestra favorita.

—C.P. Que la conversación en el café te emocione exactamente igual que la gran pelea.

—E.M. Y lo hemos conseguido. El episodio dos es el gran enemigo de la serie entera porque hay mucha exposición, pero es por donde la gente entra en la serie. El primer capitulo es abrumador, una hostia tras otra, y en el segundo la gente se descojona de una forma que dices: ha funcionado. Yo me meto las escenas de acción y las difíciles me pongo a trabajar en ellas primera por responsabilidad, pero las que más me apetece son las que menos me atraen.

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—Es una serie pero a veces no lo parece.

—E.M. Densa como un diamante y ligera como una pluma.

—C.P. Nosotros hemos hecho muchas series y siempre había trama y subtramas. Pero aquí es todo la misma cosa. Hay subtramas y secundarios pero todo al servicio de la única línea narrativa de la serie, que son García y Antonia. 

—Hay referencias a Casino Royale, hemos hablado de Indiana Jones y James Bond… pero tiene que haber más referencias.

Hay un discurso de Judi Dench en Skyfall que es lo mas profascista del mundo, dice que necesitamos gente en las sombras porque la libertad se fundamenta en ello

—E.M. Hay cosas que son ineludibles.

—C.P. Están las obvias de Indiana Jones, James Bond y Capitán America. Pero hubo una que salió muchas veces: Mentiras Arriesgadas, por tono, porque se mueve muy bien entre la aventura y la comedia pero todo va a en serio.

—E.M. La relación de García y Antonia es muy de El último gran héroe, es la relación de alguien atado al mundo real y otro de ficción. O La rosa purpura del Cairo, un personaje en blanco y negro que debe lidiar en la vida real. ¿Cómo te enfrentas al vivir una fantasía? A lo mejor eso igual no funciona. Hay un discurso de Judi Dench en Skyfall que es lo mas profascista del mundo, dice que necesitamos gente en las sombras porque la libertad se fundamenta en ello. El mismo que Jack Nicholson en Algunos hombres buenos. En este mundo hay muros, y alguien tiene que mantenerlos para que tú puedas cuestionarme hoy aquí, yo te proveo de esa posibilidad. Es una gran verdad y a la vez una gran hipocresía, y creo que eso está logrado en ¡García!.

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