María y Paula Marull: “No hay maternidad sin turbulencia, sin estar a cada rato en crisis con el tiempo”

Amelia corre en una ciudad: la persigue su editora, porque le debe un libro. La persigue su hija, porque no encuentra la ropa de natación. La persigue su marido, porque quiere que termine de una buena vez con un trámite doloroso: los papeles para poder vender el campo que era del padre de Amelia. Entonces escapa a ese territorio, una cuenta pendiente que también le trae un paisaje: el del río, el del pueblo correntino al que volvía cada verano, el de la infancia en ese momento en el que se va y pasa a ser otra cosa.

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Lo que el río hace es la obra de teatro que escribieron, dirigen e interpretan las gemelas Paula y María Marull. Las dos son Amelia a lo largo de las escenas – “quisimos usar el parecido físico como parte del dispositivo teatral”, sostienen–, las dos se cruzan con los insólitos personajes de Esquina –el elenco está integrado también por William Prociuk, Mónica Raiola, Mariano Saborido y Débora Zanolli y es excelente–, las dos están arriba y abajo del escenario, las dos escribieron con una pregunta en la cabeza: ¿dónde se esconde el tiempo y para dónde se va? 

Después de años de destacarse en distintos escenarios independientes porteños las hermanas Marull llegan ahora a una de las salas del Teatro San Martín. El camino no fue fácil: cuando estaban terminando de darle vueltas a la escenografía, el mundo se cerró por la pandemia. Entonces, durante 2021, como parte del ciclo Modos híbridos del Complejo Teatral de Buenos Aires, estrenaron la pieza audiovisual Lo que el río hace. El documental, donde se aproximaron a las personas y al universo de esta obra que finalmente pudieron estrenar con gran afluencia de público de miércoles a domingos en la sala Cunill Cabanellas. Lo que ocurre desde entonces sorprende a todos: por lo que llega desde el escenario, a lo largo de una hora y media el lugar se ve invadido por una emotividad única, entre risas y llanto incontenibles. 

En diálogo con elDiarioAR por videollamada, las autoras reflexionan sobre este aspecto particular, que se destaca un poco del resto de sus producciones. También lo hacen, entre otras cosas, sobre la experiencia de escribir a cuatro manos, sobre la maternidad y lo que implican ciertas vueltas a la naturaleza.



El público, además de reír a carcajadas, se conmueve muchísimo en esta oportunidad. ¿Hay un tono más emotivo esta vez? ¿Lo notaron cuando iban escribiendo?

María: Con el estreno tan a mano, la verdad es que todavía no tenemos tanta distancia de reflexión en ese sentido. Pero yo por lo menos no siento que hayamos escrito esta obra de una manera diferente o que hayamos registrado esto a medida que aparecía el texto en el texto. No es que decíamos “acá va algo más sensible o por acá más la emoción”. No. Tampoco con el humor. Y a la vez sé que aparecen esas cosas o me las comentan. A las obras uno las ensaya y en sala de ensayo tienen un techo. Pero después pasa algo con el público que siempre es una sorpresa inesperada, por más que uno tenga una hipótesis de en qué momento va a generar determinada cosa. Así que siempre pasa que todo se termina de completar con el público. Nosotras desde adentro percibimos eso: la gente se conmueve mucho y se ríe mucho. Y eso pasa porque hay grado de emoción con momentos en los que no vuela una mosca. ¡También se escuchan cuando abren los paquetes de pañuelitos (risas). Por supuesto también las risas, hay veces que tenemos que hacer cinco segundos de silencio para que no tape lo que estás diciendo.

Paula: Es mucha la emoción que nos comentan y a mí me sorprende. Pero todo esto lo estamos descubriendo ahora que la obra tiene la instancia del ida y vuelta con el público. No era algo que nosotras en papel pudiéramos decir “ay mira acá van a llorar”. No, la verdad es que no. A veces pienso que puede ser quizá por los monólogos, en los que se habla más directamente con el público. 

María: Coincido. La verdad es que en general nosotras no pensamos mucho antes de escribir en el efecto de los materiales. No es que tengamos esa conciencia. Creo que si pensáramos ni escribiríamos nada porque nos daría un miedo terrible.

Paula: Es más, cada dos por tres tenemos que hacer ejercicios en los que pensamos “bueno, si esta es la obra que nosotras necesitamos escribir ahora por algo es”. Somos muy de esa línea de no forzar, de no empujar para ningún lado el material, de no intelectualizar demasiado o manipular. Por lo menos en una etapa que es donde el material se constituye con más libertad y sin prejuicios y sin saber ni siquiera mucho de qué vamos a hablar. Después, sí, en la segunda etapa por supuesto ajustamos, acortamos, reescribimos, pensamos si se entiende, si no se entiende entre muchas cosas técnicas. En este sentido siempre es medio una sorpresa lo que pasa y realmente tampoco conocemos las fórmulas para que pasen las cosas.

De alguna manera es una obra de varias primeras veces. Escriben, actúan y dirigen juntas. También es la primera vez que llegan al teatro oficial, al San Martín, con una obra propia. ¿Cómo llegaron a esta instancia?

María: En el 2019 nos convocaron para que hiciéramos una obra en el teatro. Tuvimos varias reuniones. Nosotras teníamos ganas de trabajar en el San Martín. Nos parecía un desafío y bueno, un crecimiento también. Teníamos deseos. Empezamos ahí con Paula a ver qué material escribíamos. Además teníamos ganas de estar las dos en escena, de utilizar el recurso del parecido físico poéticamente o, digamos, convertir eso en un dispositivo teatral. Hasta que tuvimos una primera versión de la obra y vino la pandemia, de hecho ya estábamos por presentar el anteproyecto de escenografía para estrenarla en el 2020. Y bueno, se paró todo como ya sabemos. Entonces el teatro nos ofreció hacer a todos los directores que teníamos fecha de estreno en el 2020 algo audiovisual con el material de cada obra y con total libertad. Así que llegamos al documental con lo que había: filmamos algunas escenas en el teatro, cuando todo estaba bastante cerrado, con los materiales que quedaban a mano. Eso de todas maneras nos sirvió para estudiar los textos, para encontrar los personajes, para terminar de convocar el elenco que no estaba cerrado. Y también para que el elenco y todos hiciéramos ese viaje juntos que les permitió conocer un poco más el universo de Esquina, de la pesca, de los personajes. Porque hicimos entrevistas a gente de Esquina, muchos de ellos se grabaron a sí mismos. Era importante que estuvieran esos personajes, esas personas que inspiran a los personajes…

Paula: Me gusta eso, los de Esquina son personajes que inspiran personajes (risas).



Algo increíble que ocurre es que se trata de una obra escrita antes de la pandemia, que a la vez trae temas o situaciones que la pandemia puso en primer plano. La naturaleza, los paisajes, el uso del tiempo. ¿Notaron esto? ¿Sintieron que al estrenar con la pandemia encima tuvieron que cambiar cosas?

Paula: Es curioso porque nosotras, antes de la pandemia, cuando escribíamos la obra nos estábamos preguntando acerca del tiempo en nuestras vidas personales. Una siempre un poco vuelca en las obras las preguntas que se está haciendo. Estábamos con eso: ¿qué nos pasa que no nos alcanza el tiempo? ¿Cómo hago para que el tiempo me dure, para darme cuenta que el tiempo está pasando y no sentir que se me está yendo? ¿Cómo puede ser que todo el día llevando y trayendo gente de acá para allá? ¿Cuándo escribo, cómo se puede crear así? Y pasan los años y seguimos, y se mantiene esa sensación de que no está bien, que la vida nos está arrastrando a malgastar el tiempo por no darnos cuenta de que se está yendo y que lo usamos en cualquier cosa por no parar. Bueno, estas preguntas estaban en nosotras y en la obra antes. Cuando cayó la pandemia me impactó porque fue como “ah, el tiempo se detuvo un poco, justo cuando estábamos hablando de eso”. Y por supuesto nos hizo un montón de sentido todo el material. Pero como eso tanta importancia en la obra desde el arranque, no fue que necesitamos reforzarlo después de la pandemia porque todo lo que habla del tiempo la obra ya estaba. 

María: Todo, todo eso ya estaba. Todos los momentos donde el tiempo se nombra. Y, sí, uno siguió pensando en el tiempo durante la pandemia. Hubo mucho en este sentido también, sobre todo cuando no había una idea clara de cuánto iba a durar. Fue esta sensación primera de que el tiempo se detenía ¡y vos tenías tiempo para hacer un budín! (risas). Algo tan elemental, y que ahora ya no lo tenés. De alguna manera ese encuentro con ese tiempo hizo, un poco corroboró esa sequía de tiempo que veníamos percibiendo. 



En la obra también aparece esto que se mencionó mucho a partir de la pandemia, la idea de una vuelta a la naturaleza, con mucha gente queriendo alejarse de las grandes ciudades.

María: Sí. Amelia de alguna manera se reconecta. Nosotros lo que sentimos es que hay una doble reconexión: con la naturaleza, el río, los árboles. Y también con la naturaleza propia. En esos lugares como Esquina es cierto que se vive más vinculado con la naturaleza: a la noche levantás la vista y ves miles de estrellas que en Buenos Aires, simplemente al haber tanta luz de la ciudad, no se ven. De todas maneras también a veces hay como una idealización o esta fantasía de “bueno, me voy a vivir a la montaña y no voy a tener más problemas”. ¡Y en realidad te llevás los mismos problemas a un lugar con río o con montañas! Nuestro padre, que vivía en Esquina, era la persona más estresada del mundo. Fumaba cuatro atados de cigarrillos por día. Había gente que pensaba que mi papá vivía abajo de un árbol tocando la guitarra en total modo zen. Bueno, ¡tenía los mismos problemas que tiene la gente de la bolsa, solo que no manejaba dólares, manejaba gallinas! (risas). 

Paula: Claro, por eso el cambio importante de Amelia es que ella se puede reencontrar con su naturaleza. Con lo que ella es. Volver a escuchar esa voz propia 

¿Cómo se hace siendo directoras, para trasladarle al elenco ese paisaje que es tan de ustedes, un lugar que conocen tanto y del que rescataron, como hacían en otras obras, buena parte del habla, de lo coloquial? 

María: Los actores desde el vamos se zambulleron en el proyecto con una generosidad y un juego increíble: empezamos a filmar este documental que ni sabíamos lo que íbamos a hacer, cada uno desde su casa, probando sin saber. Sobre el tema del acento: hay una parte del texto que está escrito así, digamos, con cierta forma en la frase que ayuda a que suene así. Después, por supuesto, aparece el talento de ellos en apropiarse de ese lenguaje. A su vez también les pedimos a amigas nuestras de Corrientes que grabaran partes del texto entonces el elenco lo escuchaba para tener a mano ese tono. También hay mucho de juego, mucho lúdico. Hay varias palabras escondidas que el material tiene que por ahí ni siquiera significan algo en guaraní pero quisimos que sonaran así. Hay algo con el verosímil que a nosotras nos gusta trabajar que quizás no es exacto. Pero en la teatralidad, en la verosimilitud, en el juego, se construye. Ellos lo logran construir muy bien y les entusiasma porque representa un desafío más tener que hacer una tonada para meterse en este universo. Para nosotras, Corrientes y Esquina particularmente es un lugar al que hemos ido tanto y que seguimos yendo que lo conocemos mucho. Es como si fuéramos también de allá, aunque somos rosarinas. Pero fuimos desde chiquitas. Nuestro papá vivió allá. Tenemos hermanos que han nacido allá. Entonces nos es muy propio y nos resulta fácil también intuitivamente guiar a los demás para que suene bien. Después está lo que no conocemos, como pasaba acá con la pesca. Como hacemos siempre, en esos casos investigamos. Justo antes de la pandemia, cuando ya habíamos empezado a escribir la obra, nos habían invitado a la Fiesta del Pacú a conducir y fuimos. De paso aprovechamos para hacer acopio de material y fuimos a pescar. Contratamos un guía, estuvimos las dos y filmamos. De ahí sacamos sacamos muchas palabras, mucho vocabulario de pesca. Para el texto en general hay que decir que tuvimos la supervisión dramatúrgica de Mauricio Kartun y Javier Daulte. También fueron guías. No de pesca, pero parecido (risas).



¿Trabajaron esto con los actores para que no sonara a una parodia? Sobre todo tratándose de una obra que se monta en la Capital del país.

Paula: Nos pasa algo y que es que nosotras nos sentimos parte de Esquina, de ese universo. No es que somos observadoras externas. La historia está contada en primera persona. No hay una mirada distanciada y hay algo ya desde el texto, que está escrito desde un lugar con mucho amor y respeto y pertenencia. Y si bien Amelia en la ficción, a diferencia nuestra, es una Amelia que al principio está totalmente distanciada de ese lugar, eso está así y es yuna decisión para que el personaje tenga una curva mayor. Entonces llega un momento de la obra donde Amelia es una más de ahí y ahí es donde florece ¿no? En el momento de hacer el documental nos pasó que vimos también otros documentales, un poco para familiarizarnos con el género, y por ahí nos hemos encontrado con esa delgada línea entre reírse de un lugar o parodiarlo. Y acá fue algo que cuidamos mucho. Naturalmente no nos surgía por ese lado pero todo el tiempo pusimos atención en no cruzar esa línea. Lo mismo con el humor. A nosotras nos pasa que no es que queremos escribir algo de humor. No es que decimos “vamos a poner un gag”. Lo importante es que el humor no esté sobre lo otro, sino que se cuente la historia emocional entre los vínculos de esas personas. Y, bueno, si hay un personaje que te da gracia cómo habla está bueno porque también es hermoso reírse. La comedia a mí me encanta. Nosotros decimos “ay que suerte poder estar 1 hora 40 en esto”. Porque nosotros también nos reímos mucho. A veces digo “bueno, eso es algo que no te pasa muchas veces en la vida”. Uno lleva una vida más de adulto hasta que soltás una carcajada en un ensayo o en el escenario y es hermoso. Porque después en mi casa no me estoy descostillando de esa manera, no vivís diciendo “ja ja ja”. Pero bueno, hemos trabajado en eso, en que los personajes no se estereotipen. Porque a veces, buscando el acento exacto, podés correr el riesgo de quedarte en la forma y vaciarte de lo otro. Sí la composición está bien, pero siempre desde un lugar de verdad emocional. Nos gusta trabajar con eso, con la verdad emocional ante todo.



¿Y ustedes como actrices? ¿Cómo trabajaron el hecho de interpretar al mismo personaje intercalándose en las escenas?

María: ¡Hace como 40 años que lo venimos ensayando! (risas). 

Paula: Sí, hay una parte que es totalmente natural que es que nosotras tenemos la misma voz, la misma cara. O sea, hay algo muy natural. No tenemos tantas diferencias como para el espectador y nuestros parientes cercanos (risas). Está claro que hay algo físico muy parecido. Si al mismo personaje lo tuvieran que hacer dos actrices que son diferentes físicamente o con mucha diferencia en la voz hay que hacer un trabajo extra de composición para ecualizar eso. Pero en nuestro caso no, porque también hay algo natural de nuestra energía, en el color y el tono de voz. Sí nos tuvimos que ocupar de cómo pasarnos la posta en la progresión del estado de Amelia. Ahí fue ver cuál era la mejor manera de contarlo y también de permitirnos jugar escénicamente con la duplicidad, con la elipsis, usar el parecido físico para eso. Pero diría que el desafío más grande que hemos tenido es estar las dos en el escenario y dirigiendo.

María: No fue complicado, pero sí un desafío nuevo que no habíamos tenido porque hasta ahora las veces que habíamos trabajado juntas una dirigía a la otra. Ahora que ya estrenamos filmamos las funciones entonces después las vemos. Nosotras también somos bastante detallistas en la dirección. Nos gusta cuando hacemos una obra ir a todas las funciones, sobre todo las primeras, y seguir la obra. Una vez que se estrena para nosotras sigue creciendo un montón el material y hay que seguir ajustando. 

La obra también trae a una mujer un poco al borde del ataque de nervios con el tema de la maternidad y ahí, en el río y revisando el paisaje que es también su pasado, parece aplacarse.  

María: Sí, tuvimos que indagar en vidas ajenas, investigar, ¡como con la pesca! (risas). La verdad es que ahí un poco se ve lo que vivimos nosotras. La otra vez fue no me acuerdo quién fue que nos hizo un comentario sobre lo feminista en la obra. Bueno, un poco con esto de la maternidad pasa algo parecido: no es que nosotras nos propusimos de entrada escribir una obra sobre ser madres. Pero sí nos pasó algo con lo que decíamos del tiempo y se lo adjudicábamos a una cuestión más de la época. ¿Por qué no nos alcanza? ¿Será por el celular todo el día? Y aparecía lo que implica la maternidad hoy en día. Como mujer querés trabajar, que te vaya bien en tu trabajo y también criar bien, que los hijos coman sano y hagan deportes. Entonces la suma de todo realmente se hace difícil. Por supuesto que es hermoso ser madre y es hermoso también poder desarrollarse en una profesión que te gusta. Pero hay momentos donde no es fácil y está un poco idealizado el rol de la madre. No todo es armonía o felicidad. No hay maternidad sin turbulencia, sin estar a cada rato en crisis con el tiempo o con una misma. Lo pensábamos desde distintas mujeres, no solamente con Amelia. Porque incluso el personaje de Nancy, que vive en un lugar más chico y se podría pensar que no está llevando a los hijos todo el día de acá para allá, también está sobrepasada y se pone auriculares para no escuchar. Creo que la maternidad es hermosa y que también viene con un desborde emocional que pone en crisis un montón de aspectos. Lo vemos en nosotras mismas y también en muchas mujeres. De todas maneras no fue una decisión, no dijimos “vamos a pensar la maternidad”. Son temas que empiezan a estar en el material quizás sin que nosotras lo hubiésemos querido señalar o nombrar. Y menos que menos bajar ninguna línea. Porque tampoco queremos formarle una opinión a nadie.

Lo que el río hace se puede ver de miércoles a domingos en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín (Corrientes 1530, CABA). El elenco está integrado por María Marull, Paula Marull, William Prociuk, Mónica Raiola, Mariano Saborido y Débora Zanolli.

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María y Paula Marull: “No hay maternidad sin turbulencia, sin estar a cada rato en crisis con el tiempo”