A la ciudad que soñé… la de los zapatos viejos | EL UNIVERSAL

Haber nacido frente al mar es un privilegio que da una capacidad inmensa de crear y percibir al mundo como si fuésemos seres tocados por Dios de forma especial. La luz aquí es única y el claro-oscuro que deja la luna en una noche cartagenera es como un cuadro hiperrealista que ha hechizado por siglos a propios y extraños.

Recuerdo que de niña le escuché al maestro Ramón de Zuburía en el famoso programa de los ochenta, El pasado en presente: Cartagena lo tuvo todo para ser la capital de Colombia, como las grandes capitales del mundo circundadas por río o mar”, pero yo le agregaría: con ese toque místico de atemporalidad colonial que quizás no nos ha dejado avanzar.

La Heroica está atravesando el peor momento en su historia reciente desde aquel sitio que concluye con la victoria del 6 de diciembre de 1815 por parte de Pablo Morillo y Morillo, conde de Cartagena, marqués de La Puerta, llamado el Pacificador. Hoy estamos sitiados por la desidia, ingobernabilidad y desinterés ciudadano, pero sobre todo por la falta de identidad como cartageneros y cartageneras. A muchos se les olvidó amar a este patrimonio de la humanidad; y parafraseando al tuerto López en su poema: Mas hoy, plena de rancio desaliño, bien puedes inspirar ese cariño que uno le tiene a sus zapatos viejos. No somos noticia nacional e internacional por películas que desde la época de Gillo Pontecorvo, como la aclamada Quemada o la Misión de Roland Joffé, entre otros filmes maravillosos, que llevaron al mundo a nuestro Corralito de piedra como la tacita de plata de Colombia, la cara bonita del país.

Hasta los magnos eventos de talla internacional brillan por su ausencia y se los está llevando Barranquilla, como el último Congreso de Camacol, que tradicionalmente se hacía en nuestra ciudad. Somos de alguna manera la burla del país desde hace rato, con un prontuario, por así decirlo, de 12 alcaldes en tan solo 10 años, y para el colmo de males un alcalde actual que se autodenomina: el papá de todos, y que no es más que una parodia gris de una buena intención que llevó a votar a muchos por un cambio que nos alejara de las maquinarias corruptas.

La Fantástica se nos está desbaratando a pedacitos, entre olores nauseabundos, puentes a punto de caer e inseguridad por doquier. Y lo peor es que igual que en el sitio de la reconquista española, el país central nos ha dejado solos a merced de nuestra incertidumbre política. Sin embargo, y sé que para muchos puede sonar quijotesco, sueño y visualizo una ciudad diferente, que coja fuerza y talante de su historia, de la grandeza que nos han dejado sus hijos ilustres, y de nosotros los de a pie que día tras día nos toca vivir en un caos sin sentido.

*Abogada, Docente Investigadora.

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