Buffalo Bill regresa a Barcelona

Hasta 1998 no se documentó profusamente la estancia de Bu­ffalo Bill con su circo en Barcelona, que había adquirido aires de leyenda teniendo en cuenta que el acceso a las hemerotecas no era tan fácil e inmediato como lo es ahora. Y han tenido que pasar más de veinte años para que otra persona acabe de completar las hipótesis sobre el porqué del fracaso del guerrero americano en la capital catalana. 

En 1998, en el libro Aquell hivern… L’espectacle de Buffalo Bill a Barcelona (Hesperus), Jordi Marill Escudé aporta datos e imágenes sobre muchos aspectos de lo que pasó entonces. Ahora es el dramaturgo y actor Ramon Madaula quien lanza una nueva hipótesis sobre lo que impidió la conquista del público catalán por parte de un guerrero que se había peleado con los indios más valientes del Oeste americano.

Tenda del circ de Buffalo Bill, instal·lat a Barcelona el 1889

Tienda del circo de Buffalo Bill, instalado en Barcelona en 1889 

Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya

Corría el mes de diciembre de 1889 cuando Buffalo Bill montó su circo en Barcelona. La ciudad de los prodigios vivía un momento de ebullición y el alcalde Rius i Taulet, cuando supo que el mítico personaje hacía una gira por Europa, envió a un emisario a París para que el espectáculo del Lejano Oeste recalara en la capital catalana. 

El cine de los hermanos Lumière y las películas del Oeste aún tenían que nacer, pero Buffalo Bill, aquel pastor de vacas que cazaba búfalos y que se ganó una reputación matando indios, puso la semilla con su show de indios y vaqueros, Buffalo Bill’s Wild West, que fue el primer gran espectáculo de masas, a la vez que él mismo se convertía en el primer famoso de la historia.


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Buffalo Bill (de nombre real William F. Cody) y su troupe, formada por “dos centenares de pieles rojas y cowboys”, según consta en el archivo de La Vanguardia, además de caballos y búfalos, se instaló en las calles Aribau con Rosselló, con la entrada principal por Muntaner. El Eixample diseñado por Cerdà aún era un descampado. El 15 de diciembre de 1889, el diario informaba en primera página de este acontecimiento, con la entrada general a 1 peseta y las más caras a 5,10, un dineral de la época.

“Pero Buffalo Bill, que tenía 50.000 espectadores cada día cuando actuaba en Nueva York, pinchó en Barcelona”, afirma Madaula. Este es uno de los hechos que despertó su curiosidad. “Los de mi generación tuvimos una influencia muy grande del western. Cuando era pequeño, por Reyes pedí un sombrero de cowboy y unas pistolas, mientras mi padre recordaba que su abuelo había visto a Buffalo Bill en Barcelona, un personaje mítico”.

En el teatro Goya

En ‘Buffalo Bill a Barcelona’, Ramon Madaula plantea las razones del fracaso del espectáculo en la capital catalana

Madaula se ha documentado ampliamente sobre esta figura, con libros como el de Marill o la novela de Éric Vuillard Tristeza de la tierra (Errata Naturae/ Edi­cions 62). De esta investigación, nace Buffalo Bill a Barcelona, una obra de teatro basada en hechos documentados que el actor y la periodista Raquel Sans presentan en el teatro Goya a partir de mañana lunes.

En la conversación con La Vanguardia, la periodista Raquel Sans, que fue corresponsal de TV3 en Washington durante los últimos años de Obama y la llegada de Trump, insiste en el hecho vergonzoso de que “aquel genocidio” se volviera tan provechoso para los intereses norteamericanos y que fuera blanqueado a través del cine, de modo que aquí nos lo tragamos como un entretenimiento más. “De un genocidio hacen un show”, remacha la periodista.


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En la investigación, Madaula esboza una hipótesis sobre el porqué del fracaso de Buffalo Bill en Barcelona: “Es verdad que fue un invierno muy frío y que aquella instalación, que no era una carpa de circo porque no tenía techo, era como un hipódromo, no ayudó. Pero en París o Roma también hacía frío y, en cambio, llenaba cada día. También había una importante epidemia de gripe. Pero yo creo, y me atrevo solo a apuntar esta tesis, que el carácter catalán tuvo mucho que ver”.

Buffalo Bill

Buffalo Bill

Archivo

Entre la bibliografía que ha consultado el autor está Notícia de Catalunya, el libro de Jaume Vicens Vives que analiza con precisión la historia de la sociedad catalana. Un fragmento que Madaula subraya: “Los catalanes somos un pueblo sedentario, no hemos sido nunca nómadas ni aventureros. La historia real es la de los sedentarios, no la de los nómadas; aunque los historiadores solo hagan apología de los actos espasmódicos de los guerreros y olviden el tesón, la perseverancia y el sacrificio del hombre sedentario preocupado por su rutina de la vida, por sus cultivos y sus asuntos; nadie hablará de nosotros, pero somos los que construimos los países y las naciones. Los héroes las destruyen”.

Más de un siglo después, Jordi Marill documentó la estancia, que había adquirido aires de leyenda

Parece un fragmento escrito expresamente para esta ocasión, contraponiendo el alma sedentaria de los catalanes ( con los héroes como Buffalo Bill. “Las naciones tienen grandes héroes –continúa Madaula–. A los catalanes, en cambio, no nos gusta la ostentación, la fanfarronería, los aires de superioridad. Nos cuesta más la épica, no nos gustan los héroes. Somos más de comerciar que de mandar, aunque también nos gusta el poder, pero sin que se note. Vivimos en un conflicto hamletiano, pero creo que es bueno porque nos engañamos menos. Cuando Buffalo Bill viene a Barcelona, está convencido de que triunfará porque aquí gustan los toros, y está convencido de que el público estará encantado con su espectáculo. Y no fue así”.

Buffalo Bill con un grupo de guerreros indios, en 1870

Buffalo Bill con un grupo de guerreros indios, en 1870 

Bettmann Archive

La hipótesis es verosímil y casa muy bien con el talante catalán. “De hecho –añade el autor–, el circo ecuestre que había en la plaza Catalunya, donde se representaba una parodia con Bufa-li l’Ull como protagonista, tenía más espectadores que el auténtico”.

El periodista Domingo Marchena, redactor de La Vanguardia, también informaba extensamente en el 2010 sobre la histórica visita, a partir del libro de Jordi Solé Barcelona Far West ( Edi­ciones Pàmies). En su reportaje, señalaba que, además de la gripe, había una epidemia de cólera y otra de viruela. 

Precisamente por esta enfermedad, dos de los indios de la troupe tuvieron que ser ingresados en el hospital. Y también refería que las tiendas como la de la foto eran de atrezo, porque Buffalo Bill estaba hospedado en el hotel Cuatro Naciones de la Rambla.


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Madaula pensó que toda esta investigación bien podía tener forma de pieza teatral, y es así como, una vez tuvo una primera versión del texto, le propuso a la periodista Raquel Sans que participara en el proyecto. “Lo podía hacer una actriz, claro, pero me pareció que una periodista era mejor”, explica el autor. Y Sans responde: “Soy una curiosa y Estados Unidos, con todas sus contradicciones, siempre me ha fascinado. De lo que pasó con los nativos se habla muy poco. Leí los trabajos de la historiadora Roxanne Dunbar-Ortiz, de la Universidad de California, que es descendiente de aborígenes, para entender la época en la que nos situamos”.

Además del frío y la gripe, Madaula sugiere el carácter catalán como una de las causas del fracaso

Sobre Madaula, Sans refiere: “Ha estado absolutamente abierto a mis sugerencias y a lo que, como periodista, me interesaba. Me ha atraído, sobre todo, el hecho de poder explicar una historia tan reciente y al mismo tiempo tan olvidada”. Pero remarca que la autoría de la obra es de él y punto, y Madaula especifica que, con Mònica Bofill, la directora, le han hecho “un traje a medida” a la periodista.

“ Buffalo Bill se molestó de que lo menospreciaran –continúa Madaula– y por ello, cuando al cabo de unos años volvió a hacer gira por Europa, no quiso saber nada de Barcelona”, recuerda el actor que le da vida sobre un escenario barcelonés, con techo y calefacción, aunque este invierno no aprieta mucho el frío. Con la perilla que luce, Madaula ha conseguido parecerse a Buffalo Bill: “Pero él era mucho más fuerte que yo,” concluye. 

Versió en català, aquí

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