¡Corten! | Crítica Innecesario ‘remake’

Michel Hazanavicius se da el gusto de jugar con el cine y el placer de tener a veces mucho éxito con sus juguetes. En OSS 117: El Cairo, nido de espías y OSS 117: Perdido en Río recuperó, entre el homenaje y la parodia, la serie de avejentadas películas francesas de espías estrenadas entre 1956 y 1970 basadas en la larga serie de novelas que el prolífico Jean Bruce dedicó al agente OSS 117. En la multipremiada y super oscarizada (pero infumable) The Artist le dio por regresar al cine mudo para contar con el lenguaje cinematográfico de la época la crisis de un actor en la transición del mudo al sonoro. Tras los batacazos de Los infieles y La búsqueda volvió a sus juegos con el cine tomándola con Godard en Mal genio. Tras ella creó el raro artefacto de colorines y efectos digitales El príncipe olvidado, lleno de ecos de películas de Korda y de María Montez. Y ahora se dedica a hacer un remake más bien innecesario de la aplaudida One Cut of the Dead de Shinichiro Ueda (2017) en la que un equipo que rueda una película barata de zombis es atacado por auténticos muertos vivientes. 

Pretende ser una reflexión juguetona que oscila entre la parodia y el homenaje (lo que parece ser la marca de este director) sobre el gore extremo, los mecanismos del cine cutre, el juego de casualidades que pueden trenzarse durante el rodaje de una película, lo que puede enseñar sobre una película estar tras las cámaras antes y durante el rodaje y también un canto a la artesanía del cine modesto; pero no logra ser más que una broma cara hecha a partir de una película japonesa barata que, con sus muy limitados medios, supera a su costeado remake. 



No logra ser más que una broma cara hecha a partir de una película japonesa barata

Shinichiro Ueda hizo con un bajísimo presupuesto una película creativa y divertida sobre el cine de bajísimo presupuesto. Hazanavicius ha hecho una película de gran presupuesto sobre cómo se rueda una película de bajísimo presupuesto. Quizás en ello esté la clave de la desvergonzada frescura de la primera y el relativo interés de la segunda, solo en parte salvada por los juegos temporales que la van haciendo mejorar (sobre todo por la utilización de un pseudo making-of que funciona como el mejor gag) conforme avanza su metraje y por algunos aciertos hilarantes (sobre todo el músico interpretado por Jean-Pascal Zadi). El juego del cine en el cine puede estar bien. Pero añadirle el juego de una película con otra reciente parece innecesario cuando poco se aporta en esta relectura. 

¡Corten! | Crítica Innecesario ‘remake’