Dragon Ball Súper Súper Héroe: análisis del fenómeno de la película más taquillera de la semana

Dragon Ball Súper: Súper Héroe debe ser una de esas películas del año, que cumplen su trabajo de alegrarnos el día cuando estamos quemados por el laburo, hastiados de la oferta de contenidos de Marvel, DC y compañía. 
Es precisamente la película, con su título cacofónico, una respuesta sarcástica de la compañía Toei a la solemnidad de los multiversos reinantes del MCU, a la gravedad impostada con que cualquier serie, como Sandman, tiene que revestirse para figurar en el top ten de Netflix. 
El largometraje recurre a unos recursos nobles de la animación japonesa, que se esmeran por contar una historia con matices y un graciosísimo sentido del humor, que desarma a la propia empresa, a sus arquetipos y a las pretensiones de imponer un poscine de anticipación y confirmación de datos. 

Uno de los principales gestos con que la cinta se burla del paisaje audiovisual hipermoderno, consiste en fabricar la parodia de una secuencia postcréditos que no es tal, porque en lugar de anunciar y publicitar un nuevo juguete que debemos esperar ansiosamente, solo ata un cabo y cierra una subtrama absurda que había quedado abierta en el guion.
De modo que el truco le suma a la escritura orgánica del libreto, concluyendo una escena que ameritaba despedir a unos personajes bizarros y políticamente incorrectos del filme. 
Por supuesto, la película brinda servicio a los fanáticos de la saga original, aportándoles capas distintas de sentido y de extensión a sus clásicos argumentos. 

La mayoría de los protagonistas asisten a otro conflicto con los típicos villanos nipones de un ambiente mafioso de yakuzas y conspiraciones cibernéticas, que desean controlar al planeta. 
Pero como si fuese una caricatura de Austin Powers, una comedia de una época cancelada, los forajidos escapan del diseño occidental de Zack Snyder y Nolan, que tiñen a los maquiavelos de una paleta lúgubre de hiperrealismo y nihilismo trastornado. 
La infame patrulla roja se reorganiza para ensamblar a dos androides Gamma, que atacan a Picollo y Goham con el objetivo de dominar al mundo. Para ello, El Ejército de Red Ribbon recluta al Doctor Hedo, que es un hombre rollizo con cara de chico nerd y formas pragmáticas de científico megalómano. El pacto faústico con él se consuma en el interior de un auto supersónico, a golpe de intercambio de galletas oreos, en un guiño a los hábitos excéntricos de los geeks que sueñan con ser los titanes locos del universo. 

Entiendo que es una de las primeras películas con puro CGI de la serie, pero igual el formato informático adopta la calidez de las animaciones tradicionales de Dragon Ball, sintiéndose como aquellas cintas de Mazinger Z que lucían aparatosas al principio, decantándose por soluciones más funcionales hacia el segundo acto, amén de una curiosa verborrea que explica mucho para los niños, aunque en un tono que nunca pierde el foco de reírse de sí mismo, a través de los medios del parlamento y de la cháchara desquiciada que a veces toma posesión de los productos de la industria japonesa. 
Más allá de los diálogos, los niños se divierten y celebran cada gag, aplaudiendo en ocasiones las pequeñas victorias de sus verdaderos héroes. Lo mejor es dejarse llevar por la alambicada narrativa, que sortea sus baches y forzamientos por la distancia irónica con que se acomete todo. Los adultos también gozan del trayecto, sin verse obligados a asumir una perspectiva acusadora y moralista. Véanla con sus chicos, con sus pibes, si quieren pasar un rato que sea entrañable, didáctico y alternativo a su modo, pues enseña cuestiones útiles de la inteligencia emocional que contienen los mejores video juegos.

 A los villanos se les permite una cierta redención y la película distiende su patrón heroico, demostrando que el bien común se cifra en un contrato social de generaciones y especies, incluyendo a los robots tan temidos del inicio. 
Por lo demás, me fascinó la plasticidad de su conclusión con una batalla épica que no tiene nada que envidiarle a Avengers Endgame en su escala. 
Una sorpresa del cine. 

Dragon Ball Súper Súper Héroe: análisis del fenómeno de la película más taquillera de la semana