Viajar en el espacio nunca fue tan tan surrealista y descarado: los 25 años de El Quinto Elemento de Luc Besson

Por Aglaia Berlutti.

A 25 años de su estreno, El Quinto Elemento de Luc Besson sigue siendo una rareza cinematográfica convertida en favorita de la cultura pop. No sólo por atípica, divertida, burlona y subversiva. También, por llevar un nuevo tipo de Space Opera al cine norteamericano, acostumbrado a la épica de masas como Star Wars. Pero la obra de Besson, que se convirtió en un éxito rotundo, es más que una excentricidad. Es una pequeña obra de arte burlón que todavía despierta debates. 
La anécdota es más que conocida. Al estrenarse en Cannes en 1997, El Quinto Elemento de Luc Besson se convirtió en un suceso. El director, que ya era conocido por sus excesos y su satírico sentido del humor, llevó ese sentido del absurdo al festival. Por lo que la primera proyección se llevó a cabo en un medio de una fiesta extravagante. Y una, que incluso en los estándares sofisticados de Cannes, resultó costosa, con su millón de dólares de presupuesto. Mientras la película se proyectaba, se incluyó un desfile de moda Jean-Paul Gaultier, creador del vestuario de la película. Al final hubo fuegos artificiales.
Pero más allá del artificio, la película deslumbró. La por entonces, película europea más costosa jamás filmada, se convirtió en un fenómeno inmediato. Besson, que por siete años trabajó en la producción, creó un festival de color y sentido de lo absurdo que todavía resulta fascinante. No sólo combinó a grandes estrellas de Hollywood, con una mirada nueva sobre la ciencia ficción. También, convirtió al film en una colección de personajes extravagantes y sofisticado. 
Desde la Leeloo Multipass interpretada por Milla Jovovich hasta el villano ingenioso e inclasificable de Gary Oldman. La película sostuvo la idea de una Space Opera, pero a la vez, de una puesta en escena teatral que sorprendió a la crítica y al público. No era una historia de amor — aunque había una —, tampoco una de héroes trascendentales — aunque había unos cuantos —. Para Besson, que había planeado por décadas cada punto de la puesta en escena del film, El Quinto Elemento era una provocación. 
Creada, concebida y estilizada para narrar una gran mirada sobre el bien y el mal. Pero a la vez, un recorrido por lo mejor del género. Con una ambición semejante, El Quinto Elemento se dio incluso el lujo de tener por protagonista a uno de los íconos de acción de Hollywood. Bruce Willis, en una parodia de sí mismo y en medio de un escenario extravagante, fue el punto más alto de un experimento visual. Y después, de una obra de culto que envejeció con una frescura que todavía resulta atrayente.
Todas las historias del universo 
La película recaudó 260 millones de dólares en su estreno oficial, lo que la hizo una de las películas más taquilleras de 1997. Se trató de un logro que sorprendió a la crítica en más de forma. El Quinto Elemento no era una obra intelectual ni tampoco, entretenimiento puro. Era algo entre ambas cosas y eso, la ponía en medio de un debate de pura sorpresa. Era salvaje, extravagante y desenfadada. Pero también, pero tenía un toque existencialista, con su historia sobre un mundo a punto de ser destruido que debía ser rescatado. ¿Y qué héroe era el designado para una misión semejante? Un ser primordial, vestido en un traje de listones de tela blanco, cabello naranja y encanto natural. 
Milla Jovovich encarnó la que sería la primera de su larga lista de mujeres fuertes y extraordinarias en el cine. Pero Leeloo Multipass, un ser creado para sostener sobre sus hombros el destino del universo, era incomprensible. O al menos, para el público norteamericano, habituado a mujeres objeto o a formidables heroínas como Ellen Ripley o Sarah Connor. Leeloo era algo entre ambas cosas y también mucho más. Jovovich creó un personaje frágil, vital y poderoso. Uno, que aunque debía salvar al universo de la destrucción, también debía ser salvada. ¿De sí misma?
Luc Besson demostró que la historia, que también escribía y la cual imaginó por primera vez a los 16 años, era más que una combinación radiante de ideas. Era una bien construida concepción sobre la ciencia ficción, combinada con un sentido de la sensibilidad incomprensible para productores y estudios. Al tradicional estudio Gaumont, le llevó siete años desgranar pieza a pieza un proyecto monumental. Asumió los gastos y el riesgo. También, la condición de rareza de un film que abarcaba un cierto aire de experimento que podía fallar con mucha facilidad. 
De hecho, El Quinto Elemento sólo era un resumen de una idea mayor cuando Gaumont comenzó a trabajar en su producción. El guion se creó entre un equipo de creativos, las exigencias de Besson entre cálculos. Y su línea de sugerencias era muy larga. El director quería estrellas de Hollywood, pero necesitaba que la película tuviera “una fuerte identidad europea”. Todo eso, con una estrella de acción muy norteamericana al frente. ¿Podría lograrse algo semejante? Pasaron otros cuatro años antes que el guion finalmente estuviera en manos de su director.
Mientras tanto, Besson filmó La Femme Nikita en 1990 y Leon: The Professional de 1994. Con su fama afianzada en producciones exitosas, lo demás, fue comenzar a rodar su apoteosis del absurdo, la belleza extravagante y lo extraño. “El Quinto Elemento no podía hacer otra cosa que triunfar” dijo Besson en Cannes entre los aplausos del público.
Lo demás, es historia galáctica 
El quinto Elemento se convirtió en un éxito inmediato. Y se trató de confluencia de situaciones. Por un lado, con Pulp Fiction de Quentin Tarantino a cuestas y Die Hard como carta de presentación, Bruce Willis era una estrella mayúscula en Hollywood. Pero también, una que se divertía. Y eso fue justo lo que hizo como Korben Dallas, un taxista futurista decidido a hacer su trabajo y también, salvar al universo.
Más extraño aún, resultó el villano Zorg, encarnado por Gary Oldman. El actor inglés, que ya había trabajado con Besson, llevaba ropa de Gaultier y tenía estallidos de ira irracionales. Y todo, bajo la idea de un tipo de maldad “monstruosa pero hermosa” según comentó después el director. Finalmente, el actor Ian Holm y Chris Tucker se unieron al elenco. Con su ecléctico grupo de personajes, Besson comenzó su viaje “hacia una épica que sorprendería”.
Y lo hizo. Con su barroca puesta en escena, colorida cinematografía y un guion por momentos impredecible, Besson grabó un film hecho para ser historia. La ciencia ficción se transformó en algo vivo, punzante y orgánico. Y también, un argumento brillante y divertido que conquistó al público. La gran película que nació como la idea de un adolescente que se soñó con una heroína de ojos azules, llegó al cine y deslumbró. Veinticinco años después, aún lo hace. 

Viajar en el espacio nunca fue tan tan surrealista y descarado: los 25 años de El Quinto Elemento de Luc Besson